lunes, 25 de agosto de 2014

La alegría de un momento


Ya está, la verdadera razón de porque, cada cierto tiempo, tiendo a regresar al ska, es esa emoción que me retorna, como aroma de café en las mañanas a una época de felicidad pura. Solo el que paso una infancia por los noventas en El Salvador, y quizás yo fui de los más afectados, sabe que fue crecer escuchando a Jon Secada quejándose de que tiene que pasar otro día más sin ver a alguien.

Por eso y muchas otras canciones que no vale la pena mencionar acá es que el ska vino para evitar que me convirtiera en un pusilánime más. Como todo lo bueno en la vida, vino en el momento justo, con 15 años cumplidos uno es bastante imbécil como para reventarse los ligamentos del tobillo jugando fútbol. Pero ya se tiene la suficiente lucidez como para reconocer que "Yo quiero morirme acá", tiene algo por dentro, una especie de energía o de conjuro que lo levanta a uno.

Así, a la vuelta de 13 años, uno vuelve a escuchar "Yo tengo a mi mamá, yo tengo a mi papá, pero quiero morir tocando ska"y comprender que hay vida más allá. Hay muchas más cosas que no tienen que ver con un cubículo, con levantarse en las mañanas o con sentar a ver la misma pantalla 5 veces a la semana.

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