sábado, 30 de agosto de 2014

Todo lo bueno vuelve

Hace algunos años, sin conocer nada sobre el grupo invitado, decidí ir a un Festival de la Verdad.  Iba porque estaba emocionado de que en teoría iba a estar Luis Eduardo Aute. En un programa de rock del 12 habían puesto un video del festival de la verdad de un año anterior con una de las canciones que más marcó en la vida "Sin tu latido".


De nuevo me estoy saliendo del tema. Ahí estaba yo, taciturno, pensando en porque había decidido ir a un concierto en la UCA. Pero la noche prometía y a juzgar por el olor a carne asada, la gente se estaba preparando para que llegará algo muy bueno. 

Tengo unos cuantos recuerdos borrosos de que hubieron algunos grupos de trova y palabras de alguna personalidad. Pero lo mejor, llegaría y yo no tenía ni idea de en lo que me había metido. Hasta que pasó, apareció Panteón Rococo. Sentí que la piel se me erizaba para ponerse de acuerdo con la emoción que vibraba en el entorno. Una sensación que solo se puede explicar comparándola con la que se siente  cuando uno va entrando a sol general en un partido de la selecta, si esos amañadores, se suponen que tienen posibilidades de hoy sí llegar al mundial.

Dentro de todo hubo una canción que sí marcó la diferencia. "La Carencia", como yo no tenía ni idea del grupo me dejaba llevar por la emoción que le imponía el público para diferenciar una canción más de un verdadero éxito.


Esta en particular me marcó, sobre todo por aquello de que en un mundo globalizado la gente pobre no tiene lugar. Me tomó por sorpresa, como ola que tumba y lo arrastra a uno por la playa, que fuera una canción de denuncia, de señalar una problemática con un tono de renuncia y desesperanza en medio de música que invita a moverse.

martes, 26 de agosto de 2014

El sentido de las cosas

Buenos días soy Josué y soy malinchista. Siempre me ha pasado que soy una de esas personas que saben muy bien que el país puede y debe mejorar mucho. Eso me ha ganado que muchos piensen que no quiero a este pedacito de tierra, quizás porque nunca me han visto triste después de pasar un mes sin ver ese paisaje lleno de quebradas que tiene San Salvador.

Me estoy desviando del tema. El punto es que  siempre he tenido un poco de reserva con la música nacional. Puede ser el recuerdo de tantos fines de semana mirando "amanecer tropical" en aquellos días glorioso, esos donde se amanecía temprano y la felicidad comenzaba y terminaba con un programa de televisión, el que fuera.

Así fueron pasando los años, llegó el día, en un parque de una colonia en las cercanías de un árbol dedicado a la paz ¿? en que escuché a un grupo con música que parecía un poco interesante. Unos cuantos bichos clasemedieros jugando a tener una banda que respondía al nombre de Ska-saka. No se dejen engañar yo les llegué a tener mucho respeto.


Musicalmente no es la gran cosa, le ayudaría mucho tener un poco de vientos, pero está bien. Eso es lo bueno que yo encuentro en el ska, un reflejo de realidades de las que no nos gusta hablar. Como está canción que solo era un presagio de lo que estaba por venir 14 o 12 años después.

lunes, 25 de agosto de 2014

La alegría de un momento


Ya está, la verdadera razón de porque, cada cierto tiempo, tiendo a regresar al ska, es esa emoción que me retorna, como aroma de café en las mañanas a una época de felicidad pura. Solo el que paso una infancia por los noventas en El Salvador, y quizás yo fui de los más afectados, sabe que fue crecer escuchando a Jon Secada quejándose de que tiene que pasar otro día más sin ver a alguien.

Por eso y muchas otras canciones que no vale la pena mencionar acá es que el ska vino para evitar que me convirtiera en un pusilánime más. Como todo lo bueno en la vida, vino en el momento justo, con 15 años cumplidos uno es bastante imbécil como para reventarse los ligamentos del tobillo jugando fútbol. Pero ya se tiene la suficiente lucidez como para reconocer que "Yo quiero morirme acá", tiene algo por dentro, una especie de energía o de conjuro que lo levanta a uno.

Así, a la vuelta de 13 años, uno vuelve a escuchar "Yo tengo a mi mamá, yo tengo a mi papá, pero quiero morir tocando ska"y comprender que hay vida más allá. Hay muchas más cosas que no tienen que ver con un cubículo, con levantarse en las mañanas o con sentar a ver la misma pantalla 5 veces a la semana.

viernes, 22 de agosto de 2014

Los sentimientos de los que no se habla

Quizás mi canción favorita de Panteón Rococo es "La Rubia y el demonio". Hace falta un ritmo alegre para hablar de alguien que está perdidamente enamorado de una prostituta. A todos los que piensan que el amor es una cosa sencilla y bonita les puedo decir que nunca han estado verdaderamente enamorados. Nunca se han tenido que enfrentar a una circunstancia en la que la realidad de las mentiras que uno se esconde a una mismo empiezan a surgir, como lombrices en tierra mojada un día de verano.


"Mira a la rubia y mira al demonio, mira a los dos bailar". Le debemos tanto a los griegos con sus tragicomedias. Por que al final del día la vida se termina resumiendo en ese tipo de cosas. En momentos alegres en medio de una historia destinada al fracaso; a sacarle un poco de luz a situaciones dudosas, a pesar de que todo este condenado al fracaso.

Así que si vamos a tener coraje de empezar a ver la inmoralidad de nuestras sociedades al menos tengamos la decencia de hacerlo con ritmo. Porque es una realidad, todos, absolutamente todos vamos por la vida ocultando (¿a nosotros mismos?) que tenemos un lado terrible, una sombra sin pizca de bondad.

Todos los días son inicios

Hay una cosa curiosa sobre los inicios, en realidad no existen ¿Cómo diferenciar el punto exacto de inicio de algo cuando en todo instante estamos empezando una nueva actividad? Para mí que todos los momentos son inicios. Por eso es que el mejor momento para comenzar un blog, un espacio cibernético dedicado a la música es precisamente un viernes 22 de agosto.

Todos los momentos son los mejores momentos para comenzar. Es raro escribir sobre música, más aún sobre ska, cuando mi relación con el mundo musical ha sido, sobre todas las cosas, amor y odio. Escucho música y en algunos momentos es como estar drogado, perdido en una melodía. Pero en general se me da poco y muchos menos si hablamos de tocar algún instrumento.

La música no deja de ser liberación. Ahí está la belleza de todo esto, una habilidad de hacernos sentir como si somos parte de otra cosa. De la nada surge un "Vale verga, nadie se preocupa por tus mierdas" y ahí estás cantando, feliz, sin problemas y sin preocupaciones. Para eso sirve el ska.